7 ago 2009

Luna Nostálgica

Así es, escribí de nuevo... ya sé que estaban esperando que lo hiciera el próximo mes, como si fuera una especie de menstruación o algo así (porque además, los pongo de mal humor cuando escribo), pero no, aqui estoy.
Anécdota linda: Ayer decidí dar un pequeño paseo yo solito, necesitaba el tiempo para pensar y relajarme (como si hiciera otra cosa..) y además el día estaba nubladito y agradable. Mis pasos rápidamente (y torpemente) me llevaron a la Gran Plaza, principalmente porque vivo casi al lado. Entré y decidí seguir paseando por ahi, observando a la gente, su manera de ser, qué hacían y cómo lo hacían, etc. Imaginen al bicho raro que siempre se puede observar en cualquier plaza que sólo está ahi, solo, sin nadie, sin esperar a nadie.. ése soy yo.
Por un tiempo hice sólo eso, hasta que noté en el techo unos reflejos que llamaron mi atención... cuatro bolas amarillas. Creí que venía del mismo techo, de la parte de afuera, porque se reflejaban en el tragaluz... pero no, por más que busqué no parecía haber ninguna fuente que pudiese producir los reflejos ahi arriba.... y obviamente no iba a subirme al techo. La respuesta tenía que estar abajo. Busqué por las paredes, las tiendas, los pisos, por todos lados cualquier fuente de luz parecida a la forma que se apreciaba en el techo.. pero nada. Subí y bajé las escaleras varias veces, recorrí el mismo pasillo como 20 veces, si hubiera querido, habría formado la más linda de las amistades con la hermosa chica del puesto de la Swatch, porque seguro de tanto verme ya sentía que me conocía de toda la vida.
Las luces no aparecían.. no podía ser yo el único que las veía, ALGO tenía que producirlas, pero no había nada. Me decepcioné y me entristecí. Había fracasado y desperdiciado bastante tiempo de mi vida y de mi paseo. Me detuve un momento, pensé en lo tonto que había sido, cerré los puños, bajé la mirada y- ahi estaban. Cinco focos amarillos con exactamente la misma formación del reflejo del techo. Estaban escondidos dentro de la fuente, rodeada de gente tomando cafés en ésas mesitas con paraguas. ¿Cómo iba a imaginarme que iban a poner focos dentro de una fuente, y peor aún, que se reflejarían hasta el techo?, no sabía, y creo que no estaba listo para saber.
Me dí por servido, me despedí de la mujer Swatch con mi coqueta mirada conquistadora (o sea, sin dirigirle la palabra), y me alejé. Antes de irme, decidí voltear a ver, desde lejos, lo que me había causado tanta curiosidad. Hah, desde atrás ya no era tan enigmático, uno podía ver el rompecabezas completo, la luz y los reflejos, resultaba CASI obvio. Pero... en el agua habían cinco focos, y en el techo se apreciaban cuatro... mi mente explotó, no podía comprender y, francamente, ya no quería. Será un misterio para toda la vida.

Una Última Palabra
Una Última Palabra

Todos tenemos algo que decir, siempre. Pero algunas veces, no es bueno decirlo todo. Ya decía Aristóteles desde sus lejanos tiempos "El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice" (mírenme citando a Aristóteles... algún día el mundo me citará a mí y dirá: "Sergio decía: la vida es más dulce cuando se pueden comer PopTarts todos los días" y les lagrimarán los ojos de tanta sabiduría.)
Éso de arriba fue un clarísimo ejemplo de hablar de más, que obviamente fue a propósito. Sí, algunas veces pensamos que a la gente le importa lo que tenemos que decir, es por eso que necesitamos algo que nos diga cuando callarnos... o algo que nos obligue a callarnos, además, miren qué bonito títere, tiene una sombrilla en la cabeza, juar juar juar.
Usé algo nuevo para éste dibujo, ya que mi lápiz emo me ha abandonado para siempre :(, decidí usar lo más cercano a mi alcance... un color negro. Debo decir que me sentí altamente decepcionado con su funcionalidad, mi lápiz me daba los tonos más oscuros con el menor de los esfuerzos, mientras que con el color, casi tuve que sudar sangre para que se notara. Por supuesto, imagino que no será un color de la más alta calidad y sospecho que es uno de ésos que venden en cajitas de Blanca Nieves en las papelerías de mala muerte cuando a las mamás les urge comprar colores para sus hijos de primaria.
En fin, hice mi mejor esfuerzo. Además, no sé qué magia habrá hecho mi scaner, pero logró resaltar un poco más algunas tonalidades y trazos que en el papel simplemente no se aprecian.

MA - GIA.

Me despido entonces, espero escribirles y dibujarles pronto. Sigan creyendo en las hadas y soñando cosas horribles.

1 comentario:

NaNdO dijo...

Aca otro bicho raro de esos que suelen visitar una plaza solos de vez encuando para observar el comportamiento de los mortales